Hemos podido ver cómo reaccionan chicos y chicas en un planeta en el que sólo habitan chicas. Estereotipos varios y bastante cómico aunque poco logrados.
Llegamos a una secta muy peculiar, que se hace llamar “la secta de la penetración”, donde Diego es el jefe; con posturas de romano caprichoso observa todo lo que ocurre y se encarga de dar el visto bueno a los aspirantes para entrar en la secta.
En esta secta todos tienen cabida, gente normal, “frikis”… excepto los transexuales y/o homosexuales. Todo muy cómico rayando lo absurdo. En la improcreación “no lo entiendo” vimos miles de sentimientos y estados de ánimo distintos. No se sabe claramente lo que sienten y pocos son capaces de saber el porqué. Algo típico de la edad y de la búsqueda de identidad de los adolescentes.


Entramos en una nueva secta: religión activa. Esta vez parece mucho más seria y con una serie de reglas infranqueables: No se come chicle, no se canta, no se baila, no se salta y lo más importante, no se mantiene contacto físico con otro integrante.
Las parejas se esconden para mantener unos minutos algo más íntimos. Son sorprendidos y castigados por el líder: “Plantaréis nabos en mi huerto infinito”. Otra pareja sorprendida en la intimidad es asesinada por el sicario del líder. Acaba como si lo ocurrido fuera lo normal: “Hace buen día” “Lo hace”.
Propusimos una improcreación basada en chicos y chicas por separado, destapando los secretos de cada uno de los géneros. Quedamos un poco boquiabiertos al ver una gran falta de coherencia y llena de “tópicos típicos”.
Aunque quedó totalmente demostrado que el público masculino es mucho más indisciplinado que el femenino aunque en ambos pudimos escuchar alguna barbaridad que otra.


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